El rico y Lázaro

Este relato se encuentra en Lucas 16:19-31 y a sido utilizado por muchos cristianos como una prueba del estado consciente de los muertos.

 

Esta forma de ver el texto, sin embargo, carece de apoyo Escritural. Veamos por qué.

 

Este relato esta en continuación con otras seis parábolas, "la gran cena" (Lc 14:15-25), "la oveja perdida" (Lc 15:1-7), "la moneda perdida" (Lc 15:8-10), "el hijo pródigo" (Lc 15:11-32), "el mayordomo infiel" (Lc 16:1-13), y "el rico y Lázaro" (Lc 16:19-31). Muchos sostienen que, como se usan unos nombres propios (Lázaro y Abraham) no puede ser una parábola. Pero dicha afirmación no es un argumento sólido y contundente que pruebe su legitimidad, pues, que el relato tenga nombres propios no impide que sea una parábola. De hecho, tanto este relato como su antecesor comienzan de la misma manera "Había un hombre rico...".

 

Luego vemos que tanto el Rico como Lázaro murieron. De este último se dice que fue "al seno de Abraham". Interpretar esta figura como el cielo es caer en suposiciones, debido a que en ningún lugar de la Biblia se describe al cielo de esa manera. Debemos tomar el texto como está, el mendigo fue llevado por los ángeles al seno de Abraham con el obvio propósito de recibir consolación por su muerte. Pero ¿Acaso necesita consolación una persona muerta? ¿No prueba las conversaciones de personas que en realidad existe vida después de la muerte?.

 

Lo que tenemos aquí es una figura literaria muy usada en la Biblia llamada proposopeya. Esta figura le da características humanas a cosas inanimadas o abstractas. Un ejemplo:

 

"Aún los cipreses se regocijaron a causa de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros" Isaías 14:8

 

Aquí vemos a cipreses "regocijados" y a cedros hablando cual humanos. La misma idea se encuentra en Génesis 4:10 donde la sangre "clama".

 

Así mismo, en la parábola del Rico y Lázaro es usada la imagen de personas muertas a las que se les brinda cualidades de gente viva. El pasaje claramente corrobora nuestra idea, pues se nos dice que el rico tiene "ojos" (verso 23), dedos y lengua (verso 24) que son partes del cuerpo (lo que no tendría si fuera un "alma"). Además, se vuelve aún mas obvio el sentido figurado del relato al cosiderar que la Biblia compara la muerte con un sueño (por ejemplo Jn 11:11-14), y quien duerme no habla, por supuesto.

 

La lección espiritual de esta parábola es clara, las oportunidas que tenemos mientras vivimos debemos aprovecharlas, ya que en el momento de nuestra muerte, nuestro destino eterno queda decidido.